El cuento que quiero compartir hoy es bastante conocido. Se trata de la historia del elefante encadenado, y tiene mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.
 
 
Un padre llevó a su hijo a ver una sesión de un circo ambulante que había venido a la ciudad. Ambos disfrutaron de los números de los equilibristas, malabaristas, payasos, etc.
 
Cuando se acabó la sesión, padre e hijo dieron una vuelta por las instalaciones, para volver a ver algunos de los animales que le fascinaban.
 
Cuando encontraron el elefante, el niño se sorprendió al constatar que la gigantesca bestia estaba atada solo con una pequeña cuerda en una pata. Señaló el hecho a su padre, buscando una respuesta. Parecía evidente que el elefante hubiera podido liberarse en cualquier momento.
 
El padre estuvo pensando un rato, hasta que dio con una respuesta aceptable. Le explicó a su hijo que normalmente esos animales nacían en cautividad. Probablemente, cuando el elefante era cachorro, le ataron con una cuerda semejante. Posiblemente el animal procuró tirar de ella y escapar, pero al ser tan pequeño, no tenía la energía suficiente. Finalmente se dio por vencido, y pese a crecer y convertirse en una fuerza de la naturaleza, dejó de intentarlo. 
Efectivamente, hoy podría haberse liberado de un gesto, pero seguía pensando en que la cuerda era una cadena imposible de romper, igual que cuando era pequeño.
 
Moraleja
 
Esas cuerdas las tenemos todos en nuestras vidas. Son obstáculos que no supimos superar en un momento, y hemos renunciado a enfrentarnos a ellos simplemente porque seguimos con la creencia que somos incapaces de superarlos.
 
Piensa un momento. ¿Qué miedo te retiene? ¿Qué barrera crees insuperable? ¿De verdad es tan difícil?
 
 
 
El elefante encadenado
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